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LOS QUE QUIEREN MEJORAR LA HUMANIDAD

LOS QUE QUIEREN «MEJORAR» A LA HUMANIDAD
Nietzsche (Fragmentos)

Como es sabido, exijo al filósofo que se sitúe más allá del bien y del mal, que ponga por debajo de sí la ilusión del juicio moral. Esta exigencia deriva de una intuición que yo he sido el primero en formular: la de que no hay hechos morales. El juicio moral tiene en común con el religioso el creer en realidades que no son tales. La moral no es más que una interpretación de determinados fenómenos, o, por decirlo con más exactitud, una interpretación errónea. Al igual que el religioso, el juicio moral corresponde a un nivel de ignorancia en el que todavía no ha aparecido el concepto de lo real, la distinción entre lo real y lo imaginario; de forma que en dicho nivel la palabra «verdad» designa cosas que hoy llamaríamos «imaginaciones».

Pongamos un primer ejemplo totalmente provisional. En todas las épocas se ha querido «mejorar» a los hombres, y a esto se le ha llamado por antonomasia «moral». No obstante, en esta misma palabra se encierran las más diferentes tendencias. A la doma de la bestia humana y a la cría de una determinada clase de hombres se le dio el nombre de «mejoramiento»: sólo estos términos zoológicos designan realidades, y realidades que precisamente el «mejorador» característico, el sacerdote, ni conoce ni quiere conocer… Llamar «mejoramiento» a la doma de un animal es algo que a nosotros nos suena casi como una burla. Quien sepa lo que pasa en los lugares donde se doma a animales salvajes dudará mucho de que éstos sean «mejorados». Se les debilita, se les hace menos dañinos, se les convierte en unos animales enfermizos, a base de deprimirles mediante el miedo, el dolor, las heridas y el hambre. Lo mismo pasa con el hombre domado que ha «mejorado» el sacerdote.

La moral de la cría y la moral de la doma son totalmente dignas la una de la otra en cuanto a los métodos que utilizan para imponerse. Podemos establecer como afirmación suprema que, para hacer moral, es preciso querer incondicionalmente lo contrario. (…). La «mentira piadosa» constituye un patrimonio común de todos los filósofos y sacerdotes que han «mejorado» a la humanidad. Ni Manú, ni Platón, ni Confucio , ni los maestros judíos y cristianos han puesto nunca en duda su derecho a mentir, como tampoco han dudado de otros derechos totalmente distintos. Reduciendo esto a una fórmula se podría decir que todos los medios con los que hasta ahora se ha pretendido moralizar a la humanidad han sido radicalmente inmorales

 

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