Los Estados Unidos impiden o dificultan hasta el extremo la venta de un crudo que, una vez derrocada Venezuela, circulará por el mundo al ritmo de su extracción por corporaciones norteamericanas hasta quedar las entrañas del Orinoco como si a un disecado se le hubiera sometido.
Entre 500.000 y 600.000 barriles diarios de petróleo tenían hasta hace escasas semanas como destino Estados Unidos. Debido a las sanciones, esos son los barriles que necesita vender Venezuela para no perecer asfixiada.
El petróleo se ha convertido en la ‘torre’ de Venezuela, la última esperanza de un régimen enrocado que, sorprendentemente, sigue sobreviviendo, pero necesita de un movimiento que le permita ganar tiempo y forzar, al menos, las tablas.